Covid-22: por qué se pide un cambio de nombre para la enfermedad y en qué se diferencia con respecto a las primeras variantes

Hace unos días, el viceconsejero madrileño de Asistencia Sanitaria y Salud Pública, Antonio Zapatero, consideró que las cepas actualmente mayoritarias del SARS-CoV-2 en la Comunidad, las subvariantes BA.4 y BA.5 de ómicron, son tan diferentes a las anteriores que justificarían empezar a hablar de una “covid-22”.

Por 20minutos.es

¿Un virus distinto?

Las declaraciones de Zapatero, apoyadas posteriormente por el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid en una entrevista concedida a Onda Cerose refieren a las diferencias en la sintomatología y en el comportamiento epidemiológico (en las cuales juega un importante papel la vacunación de la población) entre estos linajes del virus y otros previos, antes que a una cuestión puramente taxonómica.

Más concretamente, Zapatero mencionó el bajo número de ingresos hospitalarios a pesar de la alta transmisión, la ruptura de la relación entre los niveles de SARS-Cov-2 en aguas residuales y los casos graves y el alto número de contagios asintomáticos.

Por tanto, las afirmaciones de Zapatero cuando dice que “el covid de ahora es una enfermedad diferente, causada por un virus distinto” tendrían sentido, en todo caso, desde un punto de vista de políticas públicas o en un sentido coloquial, antes que desde un enfoque técnico.

Viejos conocidos

Y es que, desde una óptica biológica, no parece haber ningún motivo para argumentar que las subvariantes BA.4 y BA.5 deban ser considerada una especie vírica diferente, o que causen una enfermedad distinta.

Existen varias clasificaciones (esto es, taxonomías; la ciencia que estudia la clasificación en sí misma se denomina taxología) de los virus, entre las que la más aceptada es la determinada por el Comité Internacional de Taxonomía de Virus. Concretamente, este sistema se fija en las características fenotípicas del virus, como la cápside, el tipo de ácido nucleico, el tipo de proteínas, el ciclo replicativo, los organismos huéspedes y el tipo de enfermedad que provocan.

Así, las subvariantes BA.4 y BA.5, aunque son diferentes en algunos aspectos de las variantes anteriores (por ejemplo, en partes del genoma) cumplen con las características definitorias del SARS-CoV-2 según estos criterios, tal y como explica la OMS, por lo que no ha habido ninguna proposición seria por parte de ningún científico u organismo para que sean consideradas una especie diferente.

De la misma manera, los expertos han indicado que, aunque hay algunas diferencias menores en la sintomatología de la enfermedad (por ejemplo, una mayor probabilidad de desarrollar ciertos síntomas), el cuadro clínico sigue siendo muy similar, con la astenia o fatiga, la tos, la fiebre y la cefalea como signos principales (como recoge por ejemplo el Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles de Sudáfrica).

Las diferencias en la gravedad se explican, más bien, por la vacunación de un porcentaje muy elevado de la población. Precisamente, el hecho de que las vacunas frente a linajes previos sigan protegiendo frente a los actuales nos da una pista de que la enfermedad continúa siendo la misma, al menos según las clasificaciones generalmente aceptadas (como el International Classification of Disease o ICD-11).