Abraham Sequeda: Venezuela industrializada, efecto directo del liberalismo económico

Como práctica derivada del Liberalismo Político, surge amplio y sin ataduras de todas las materias que rigen la estructura del Estado: el Liberalismo Económico, que proporciona la única vía para alcanzar la construcción de una sociedad sana, educada, próspera y viable en el tiempo bajo los preceptos democráticos; es decir, el componente de equilibrio de la ciudadanía, sociedad civil, tejido social u otra sinonimia.

La intervención que debe tener el Estado es aportar la seguridad para que todos los aspectos de dicha teoría y práctica económica crezcan, de tal forma que las iniciativas de empresas, la competencia en calidad de productos y servicios, la innovación de diferentes tipos y características y la propiedad privada, conduzcan a una industrialización de cualquier nivel.

La industrialización no significa la puesta en acción de mecanismos de fabricación sofisticados, con interfaces mecánicas, electrónicas y digitales; la industrialización implica mucho más y entre los elementos importantes destaca el procesar las materias primas para agregarles valor, el aumento de la productividad, el mejoramiento de los procesos, nuevas moléculas y productos, entre otros.

Y es que además, como compensación, la industrialización demanda conocimientos adquiridos y manejados por una población con vigor; por lo tanto, se genera una vertiente de compromiso para desarrollar sistemas educativos y sanitarios robustos y eficientes.

Existen dos venenos que han impedido e impiden llegar a la meta y los beneficios para la nación que implica el liberalismo económico; uno de ellos es la redistribución de recursos a criterio de las instituciones públicas, por funcionarios o cualquier órgano del Estado a individualidades o “empresas”; esto aniquila el sistema económico, porque el financiamiento debería provenir de los recursos de una óptima banca. El otro veneno es el propio Estado gigante, corrupto, expansivo y anárquico.

Estos dos venenos y la mala práctica de igualar a los ciudadanos en menoscabo de sus propias aspiraciones, sueños, planes y necesidades, han sido abonados por ideologías extremas. El liberalismo no es extremo es lo que debe ser.

@abrahamsequeda