Guido Sosola: Disciplina de cámara

Reproducción: Elite, Caracas, nr. 2728 de 06/01/1978.

 

Por supuesto que hay una historia gráfica de las sesiones parlamentarias en Venezuela, permitiéndonos ejemplificar y apreciar cuan indisciplinado fue y es el debate en Venezuela. La diaria prensa y los más variados magazines semanales o quincenales, de décadas muy anteriores, reflejaron un poco las labores de los hemiciclos del senado y de diputados, congelada una imagen delatora, siendo escasa la muestra de las salas municipales.

Por ejemplo, en los sesenta del veinte, los diputados lucieron más hacinados en sus pequeñas mesas de madera noble, poblado el lugar de parales para los micrófonos y ceniceros que asombrarían a las nuevas generaciones, aunque solo los jefes de fracción gozaban de un aparato telefónico que después se fue extendiendo en el hemiciclo. Y el jefe de cada fracción respondía por el orden de su agrupación y, en no pocos casos, por la vestimenta sobria y pulcra de sus integrantes, pero – sobre todo – porque las conversaciones personales en medio de la sesión fuesen prudentes.

Precisamente, esas conversaciones fueron las que se dispararon a partir de los setenta y, al permitírsele a los periodistas compartir con los diputados, en la búsqueda de información, a la presidencia de la cámara se le hizo más difícil mantener el orden y la disciplina, empeorando en los años siguientes. Las gráficas no mienten y, en un espacio más desahogado, con el moderno micrófono adaptado a cada curul, ventilado mejor el paisaje, la cosa empeoró con los años, haciéndose uso y costumbre hasta llegar al siglo XXI.

Respecto a la bancada de gobierno, en esta centuria ha habido un mayor control de los suyos, muy sentaditos los parlamentarios y presuntamente atentos a la discusión, para una Asamblea Nacional que dispuso de una mejor ubicación espacial de las curules a través de los años. Y, en la actualidad, incrementado el número de diputados de 2020, propios y extraños, mostrándose muy obedientes, observándose en Youtube a una oposición temerosa que guarda al extremos la normativa del manual de Carreño, el consabido de Manuel Antonio.

En relación a la legítima Asamblea de 2015, la propensión fue al desorden de los opositores en la cámara y, a menos que hablasen los jefes indiscutibles del G-4, en las sesiones youtubeanas de palacio, se observa al orador en una apasionada intervención teniendo a su vecinal colega en otra y grata conversación, por no mencionar que los integrantes de la directiva jamás abandonaron sus móviles celulares en plena sesión. Y esto, lo facilitó el diseño del hemiciclo, diferente – por ejemplo – al del Congreso de los diputados en Madrid, expuestos completamente a la vista de la presidencia de un extraordinario poder; mejor decir, el Congreso de los diputados oyentes, porque sólo la jefatura del partido decide las intervenciones, retándole espontaneidad e independencia quienes – realmente – pocos hablan al año de compararlo con los jerarcas que lo hacen y mucho.