Más de 800 mil niños venezolanos crecen sin sus padres a causa de la migración forzada

Un niños juega con un escudo de cartón que simula el del Capitán América durante una fiesta con disfraces en un sector popular, el 22 de febrero de 2022, en Caracas (Venezuela). Globos pequeños, abanicos redondos hechos con páginas de revistas y carteles alusivos a la festividad, además de los disfraces, pompones, sombreros y algunos maquillajes en los rostros, pintan la fiesta de colores que contrastan con el monótono color ladrillo en la favela caraqueña de Petare, la barriada más grande de Venezuela, donde el ingenio disfraza, incluso, a la crisis. EFE/ Miguel Gutiérrez

 

La decisión de emigrar no es fácil; los pensamientos de dejar el hogar, la familia y en especial a los hijos es una pesadilla, pero a la vez una opción para buscar mejores condiciones de vida ante la grave crisis que se acentúa en Venezuela. Sin embargo, esa migración forzada trae como consecuencia que 839 mil 059 niños hayan quedado en manos de otros familiares que no son sus padres, eso según datos del Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap).

Por La Prensa de Lara

Según Cecodap, de esa cantidad de niños que queda en el país luego que sus padres emigran, son de edades comprendidas entre tres y siete años, además precisan que el 40% de ellos quedan en manos de abuelos de 50 y 60 años; mientras que el otro porcentaje de los niños es dejado en casas de tíos, padrinos e incluso hasta vecinos o con uno de los padres.

Yonaide Sánchez, sociólogo y coordinadora regional de la organización Transparencia Venezuela, explicó que ante la migración forzada uno de los efectos es la reestructuración o reconfiguración del sistema de la familia, “porque el migrante no se va por su propia voluntad, sino que es expulsado por la necesidad, hambre y falta de condiciones” y deja a sus hijos en contra de su voluntad, lo que hace que este episodio sea traumático.

Sánchez explicó que en el caso de los abuelos que se quedan dando la crianza de sus nietos, también presentan una condición precaria para atenderlos. “Hay un asunto incluso de energía física”, dijo y añadió que hay casos extremos donde el niño queda en manos de cualquier otro familiar, pero que deben trabajar y los vecinos son quienes apoyan con el cuidado.

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