Excitación sexual: estas son las zonas erógenas… según la ciencia

Excitación sexual: estas son las zonas erógenas… según la ciencia. Pixabay

 

La excitación sexual y la ciencia van de la mano, aunque en este asunto tenga mucho que ver conocer a la pareja o la pasión del momento. Más de una vez hemos escuchado hablar de cuáles son las zonas de nuestro cuerpo (zonas erógenas) que muestran mayor sensibilidad en las relaciones sexuales, pero apenas hay investigaciones científicas al respecto. ¿Hombres y mujeres comparten esas zonas? La ciencia, al fin, ha hablado.

Por vozpopuli.com

Antes de analizar este estudio llevado a cabo por neurólogos de las Universidades de Gales y Bangor, junto con psicólogos de la Universidad de Johannesburgo, debemos saber qué son las zonas erógenas. Según Sanitas, son aquellas partes del cuerpo que “por su sensibilidad provocan sensaciones de placer al ser estimuladas, dado que en ellas se acumulan muchas terminaciones nerviosas. Y no se limitan a los órganos sexuales, lo que en muchas parejas puede constituir una verdadera obsesión, hasta el punto de olvidar el resto del cuerpo”.

Cada persona es un mundo y responde de una forma diferente a la estimulación, así que le pueden resultar más satisfactorias unas partes que otras en este mapa corporal de zonas erógenas. No todos somos iguales tampoco en este sentido, por lo que “conocer el cuerpo del otro, estudiar las reacciones de cada parte a las caricias y los besos e identificar así las zonas más erógenas es una garantía para una vida sexual plenamente satisfactoria”.

Se habla mucho de la cabeza como zona erógena al recibir un masaje que provoca una sensación muy placentera; de los besos en la nuca y la espalda o de la sensibilidad que hay en los lóbulos y en la parte trasera de las orejas, pero también de los labios y ese aumento de la excitación que puede producirse con un sencillo roce en el momento y con la persona adecuados. Pero, ¿qué dice la ciencia sobre esto?

Podemos afirmar que cualquier parte del cuerpo con piel es una zona erógena, pero hay zonas más propensas a producir excitación sexual al ser acariciadas o besadas. Además de los genitales, también son zonas erógenas los labios, el cuello, el pecho o la cara interna de los muslos, por ejemplo. ¿Comparten hombres y mujeres las mismas zonas erógenas en el momento de practicar sexo? ¿Tiene algo que ver el cerebro a la hora de que algunas partes resulten más excitantes que otras?

Los pies, ¿tan sexys como creemos?

Según el estudio Zonas erógenas y organización cortical somatosensorial publicado por la revista científica internacional Cortex y en el que participaron 800 personas de nacionalidad británica y subsahariana, parece que hay un “alto nivel de correlación entre hombres y mujeres” y aunque se concluye que las mujeres son más sensibles a las zonas erógenas, comparten con el sexo contrario la gran mayoría de ellas. En la investigación se tomaron en consideración los ratios de intensidad, y datos como la edad, orientación sexual, raza y nacionalidad.

Quizá la primera conclusión que sorprende de esta investigación es que ni ellos ni ellas dan un lugar preferente en este aspecto a los pies, una de las zonas más popularmente consideradas erógenas y que también se ha utilizado en el universo cinematográfico o literario como tal. La mayoría de las personas estudiadas no los consideraron nada atractivos y un 75 por ciento de ellos le dieron un valor erótico de cero. Esto indica que quizá el fetichismo podría haber convertido a los pies en una zona supuestamente erógena que en realidad no lo es tanto.

Del pecho al cuello pasando por las orejas

Aparte de las conocidas como zonas primarias, con las que nos referimos al clítoris y la vagina en el caso del sexo femenino, y al pene y los testículos en el de los hombres, el cuerpo humano tiene otras zonas tan estimulantes como a primera vista pueden parecernos estas. Para las mujeres, los labios obtendrían una puntuación de 7,9 en la escala del 1 al 10 como zona erógena y les seguirían muy de cerca el cuello, con un 7,5; los pechos y los pezones (ambos con un 7,3), la parte interna de los muslos (6,7), la nuca (6,2), las orejas (5) y, finalmente, el trasero (4,7).

Por el lado de los hombres, no hay demasiadas diferencias salvo en el grado de intensidad con el que valoran que una zona sea más estimulante sexualmente hablando que otra. Para ellos, después del pene (valorado con un 9 sobre 10), la zona erógena por excelencia son los labios (7), igual que en el caso de las mujeres. Luego se encontrarían los testículos (6,5), la parte interna de los muslos (5,8), el cuello (5,6), los pezones (4,8), el perineo (4,8), la nuca (4,5) y las orejas (4,3).

Parece que según las puntuaciones referidas, las mujeres tienen un mayor grado de sensibilidad en las partes consideradas como estimulantes para una vida sexual saludable y feliz. “Sin duda, las mujeres son más reactivas que los hombres a estas partes del cuerpo por norma general, si bien existen casos individuales de hombres que son más sensibles que las mujeres”, explican los científicos en el estudio.

Excitación sexual y estímulos

Una vez hecho ‘el mapa de zonas erógenas’, deberíamos saber cuáles son los estímulos a los que esas partes reaccionan con mayor facilidad, algo muy útil a la hora de mantener relaciones sexuales y de satisfacer tanto a la otra persona como a uno mismo. En un estudio de 2014 publicado por el Journal of Sexual Medicine, se estimuló cada zona durante un segundo y medio, acariciando, presionando o aplicando vibración, y después preguntaron a las mujeres qué habían sentido.

Si hablamos de caricias, el cuello, el antebrazo y el margen vaginal en el caso femenino son las áreas más sensitivas, y la areola, la que menos. El clítoris y el pezón son las partes más sensibles a la presión; los pechos y el abdomen las que menos. También el clítoris y los pezones son las partes más sensibles a la vibración.

Un último dato: el estudio concluyó que la velocidad perfecta para acariciar la piel humana es de cinco centímetros por segundo. No sabemos si esto es fácil de poner en práctica porque como muchas veces hemos podido pensar, la ciencia y la pasión no siempre van de la mano.