China quiere “desamericanizar” el mundo

China quiere “desamericanizar” el mundo

 

“Hay que crear las bases para apoyar la desamericanización del mundo”. “Hay que instaurar un nuevo orden mundial”. En medio de la parcial suspensión de pagos del Gobierno estadounidense, estas fueron las palabras que el autor chino Liu Chang escribió para la agencia Xinhua.





Aunque no puede considerarse como la opinión oficial de Pekín, el artículo (que generó preocupación en Estados Unidos) muestra muy bien algunos de los ámbitos en los que el Gobierno chino no se encuentra a gusto con el actual orden internacional liderado por Washington. La nación más poblada del planeta y segunda economía global busca ganar influencia y comenzar a moldear el mundo según sus propios intereses. Si bien China colabora con Estados Unidos en muchos frentes, el gigante asiático también busca reducir su influencia en otros. Estos son los seis más importantes.

1 – La batalla monetaria: internacionalización del yuan

El artículo que publicó la agencia Xinhua defendía especialmente limitar la influencia del dólar en las transacciones internacionales. Aunque todavía le queda mucho camino por recorrer, China lleva ya varios años intentando que su moneda se abra paso en el comercio exterior. “La internacionalización del yuan (o renminbi) está avanzando a pasos muy acelerados”, explica Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política ChinaSi en la actualidad sólo cerca del 15% del comercio exterior de China se realiza en yuanes, el objetivo es que en cinco años la cifra llegue al 30%.

La internacionalización del yuan se está llevando a cabo en varios frentes. Por un lado, Pekín está empezando a comerciar con algunos de sus principales socios (Brasil, Japón, Tailandia…) en yuanes. Por otro, el gigante asiático ha firmado varios acuerdos con distintos bancos centrales para poder utilizar el renminbi, entre ellos el de Corea del Sur y el Banco Central Europeo.

Además, se ha puesto en marcha la incorporación del yuan a importantes plazas financieras, como la City de Londres, Singapur o la recién creada Zona Económica Especial de Shanghai, donde se espera que la moneda china pueda continuar su internacionalización. “China no se plantea de momento sustituir al dólar, pero indudablemente quiere reducir su importancia”, explica Xulio Ríos.

2 – La batalla comercial: un nuevo orden económico

La carta de presentación de China en el mundo ha sido su fortaleza comercial. En este sentido, Pekín ha intentado abrirse un hueco en las instituciones internacionales de referencia, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), donde Estados Unidos y Europa controlan la mayoría de votos. En 2010 se aprobaron moderadas reformas para adaptarse a la nueva realidad económica mundial (aumentado el poder de las naciones emergentes), pero lo cierto es que Estados Unidos todavía no ha ratificado los acuerdos. Pekín tampoco está satisfecho con el funcionamiento de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que considera responde sobre todo a las necesidades comerciales de los países desarrollados.

Es por eso que China ha optado primero por intentar cambiar estas instituciones y después por buscar nuevas formas de cooperación al margen de FMI, BM y OMC. La estrategia pasa por crear nuevas alianzas comerciales con los países del Sur y por firmar Tratados de Libre Comercio (TLC) con el mayor número posible de países. En los últimos años, Pekín ha firmado un total de nueve TLC, entre ellos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), Chile, Perú, Nueva Zelanda, Pakistán, Tailandia, Singapur, Costa Rica y Taiwán. Es de esta forma como China intenta construir su nuevo orden internacional, al menos en lo económico.

A pesar de las disputas entre Washington y Pekín en las instituciones internacionales, lo cierto es que sus economías siguen siendo fundamentalmente complementarias. “Las economías china y estadounidense se necesitan mutuamente”, explica Han Shi, especialista en las relaciones entre los dos países y director de la consultora China Line. Mientras que las empresas estadounidenses utilizan las cadenas de producción que se han instalado en el gigante asiático, las compañías chinas necesitan de los consumidores norteamericanos. “Todavía hay mucha complementariedad entre las dos economías”, dice Han Shi.

3 – La ofensiva diplomática: apostando por los emergentes

Además de buscar nuevas relaciones comerciales, China también busca socios políticos. La Organización de Cooperación de Shanghai, donde están incluidos Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, es probablemente el proyecto chino más sólido y ambicioso. Es también para buscar un mayor rol de las naciones emergentes que China apuesta con decisión por los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), otra alternativa política al mundo liderado por Washington y Bruselas. Las cumbres del G7 y G8 cada vez son más irrelevantes, entre otras cosas por la acción diplomática de China.

“Si el G20 no funciona, si la OMC no funciona, pues entonces China se plantea otras alternativas”, explica Xulio Ríos. “China busca respuestas para tratar de evitar que esos foros internacionales poco eficientes, al menos desde su punto de vista, bloqueen su capacidad de proyección económica a nivel internacional”.

La ofensiva diplomática de Pekín también abarca a los países de América Latina, África y Asia, donde China intenta convertirse en un nuevo actor influyente. “Todo esto traza un nuevo mapa de la diplomacia china y, en este proceso, obviamente, pierde influencia Estados Unidos”, dice Ríos.

4 – La batalla asiática: “Obama, ocúpate de tus asuntos”

Probablemente en ningún sitio sea tan evidente la lucha diplomática entre Washington y Pekín como en Asia. Para China, asegurarse una buena relación con sus vecinos es la base de su poder global; para EEUU, mantener su presencia en este continente es una garantía de su tradicional e influyente posición en el Pacífico, donde se concentra gran parte del crecimiento económico actual.

Desde principios de 2012, el Gobierno de Obama ha lanzado el conocido como “giro hacia Asia”, que busca ampliar la presencia militar, comercial y diplomática en el continente asiático. Estados Unidos busca así consolidar su relación con aliados tradicionales como Australia, Corea del Sur, Japón, Tailandia o Filipinas; al mismo tiempo, intenta participar en el mayor número de foros regionales, como el ASEAN, y buscar nuevas alianzas con naciones como India, Indonesia, Malasia, Singapur o Vietnam, que también tienen lazos importantes con Pekín y se mueven entre las dos potencias.

El giro de Washington hacia Asia (que incluye una ampliación de su presencia militar) no ha hecho ninguna gracia en Pekín, que ya antes se sentía rodeada en su propia región. Shen Dingli, profesor de la Universidad de Fudan e influyente personalidad en el ámbito de las relaciones exteriores, escribió en la revista Foreign Policy que la política de Obama en Asia pecaba de un “exceso de ambición” y que su implicación en los problemas regionales estaba “provocando tensiones en el sudeste asiático”. El título del artículo resumía su idea central: “Ocúpate de tus asuntos”.

La respuesta de Pekín al giro asiático de Obama ha sido contundente: el nuevo Gobierno de Xi Jinping se ha esforzado en reducir las tensiones con los vecinos asiáticos, se han doblado las ayudas económicas en la región y se ha hecho a su vez un giro diplomático hacia las repúblicas del centro de Asia. “La repuesta de China no es plantar cara en el ámbito militar, sino doblar la oferta en el ámbito económico”, explica Xulio Ríos.

5 – La batalla cultural: intentando ganarse la mente y los corazones del mundo

China ha descubierto tarde la importancia que la cultura puede jugar a la hora de apoyar sus aspiraciones globales. El denominado ‘poder blando’ (softpower), sin embargo, se ha puesto de moda entre los líderes chinos y el país ha lanzado en los últimos años numerosas iniciativas para mejorar la percepción que se tiene del gigante en el extranjero: Centros Confucio para enseñar el idioma, becas para estudiar en universidades chinas, apoyo a la industria del cine, medios de comunicación en idiomas extranjeros, exposiciones artísticas… Según Joseph Nye, el “inventor” del término softpower, China gastó entre 2009 y 2010 un total de 8.900 millones de dólares para ganarse las mentes y los corazones de los extranjeros.

Aunque la intención de proyectar su cultura en el exterior no va directamente dirigida contra Estados Unidos, el dominio cultural de este país es visto con preocupación en Pekín. China intenta combatir algunos conceptos que han constituido la marca EEUU, como “democracia”, “valores universales”, “libertad” o “derechos humanos”; en su lugar, el gigante asiático intenta hablar de “excepcionalidad”, “modelo chino”, “mundo multipolar” o “valores asiáticos”.

“Sin duda, el softpower chino ha mejorado algo durante los últimos años”, explica Liu Xianying, profesor de la Universidad de Comunicación de China y asesor de algunos de los medios chinos de proyección internacional. Sus mayores logros se han dado sobre todo en los países en vías de desarrollo de Asia, América Latina o África, donde es más fácil empatizar con algunas de las propuestas culturales chinas. Aun así, al gigante asiático todavía le queda mucho para poder algún día seducir al mundo y contrarrestar de alguna forma la hegemonía cultural e informativa estadounidense. “La influencia cultural de China no es para nada acorde con su posición económica”, dice Xianying.

6 – La batalla energética y el estrecho de Malaca

Tradicionalmente, los enfrentamientos entre las grandes potencias han tenido como protagonista los recursos energéticos. China lleva varias décadas intentando asegurarse distintas rutas de abastecimiento de gas y petróleo, firmando nuevos acuerdos con sus vecinos y apoyando la internacionalización de sus empresas estatales. La influencia de Pekín ha crecido en África (sobre todo en Angola y Sudán), Oriente Medio (Arabia Saudí, Omán) y Asia (Irán, Irak), donde se encuentran sus principales fuentes de petróleo.

Una de las grandes limitaciones de China ha estado en su dependencia del estrecho de Malaca, por donde pasa hasta el 90% de las importaciones de petróleo chinas. La excesiva importancia de esta ruta, que, según teme Pekín, Washington podría utilizar como forma de presión, ha llevado al país a buscar alternativas. “China intenta diversificar sus rutas de importación de gas y petróleo, y eso incluye el gasoducto que está negociando con Rusia, el que ya está en funcionamiento con el centro de Asia y el que une Myanmar con las provincias del sudeste de China”, dice Wang Tao, experto en cuestiones energéticas del Carnegie-Tsinhua Center for Global Policy, con sede en Pekín.

A pesar de que las petroleras chinas (Sinopec, CNOOC, CNPC) están aumentado su presencia en el mundo, los cambios en Estados Unidos podrían provocar que Washington cada vez estuviera menos interesado en los países exportadores de recursos. “En el sector de la energía se han producido grandes cambios en los últimos dos años, especialmente con la revolución del gas de esquisto en Estados Unidos, así que hay mucha menos preocupación por la competencia entre Estados Unidos y China por las fuentes de energía”, asegura Wang Tao.

 

Vía Zai China